Podría empezar a describir la revolución como una serpiente que se muerde la cola, como un fenómeno social que ocurre una y otra vez y aún así parece que no sirve para absolutamente nada pues al poco tiempo (relativo) vuelve a suceder. Entendámonos bien, por revolución me refiero a ese momento pos-indignación en el que un pueblo estalla y le da una vuelta de tuerca a sus dirigentes. Depende de la época y el lugar puede que incluso les haga un tratamiento de cervicales gratuito (Vease la revolución francesa en 1789).
Desde que el mundo es mundo y los humanos nos reunimos en sociedad, ha surgido un dirigente, o un grupo de dirigentes elegidos (o no elegidos) que como su propio nombre indica, dirigen el cotarro. Pero no solo lo dirigen, sino que rigen un sistema determinado y como resultado representan las victorias y las derrotas de la sociedad en la que gobiernan.
Hablemos claro, a nadie le importa las victorias de su gobierno; las disfrutamos claro, ya sea una subida de sueldo, una bajada de impuestos o una alianza extraterrestre; las disfrutamos pero no las recordamos a la hora de arreglar cuentas. ¿Por qué te quejas si no tienes dinero para pagar tus tres hipotecas? No te quejaste cuando si lo tenías. Pero pasando, nos interesa fijarnos en las derrotas, porque hablamos de revolución, y las revoluciones se inician con las derrotas del estado.
En cuanto el descontento del pueblo florece, se contagia como un resfriado de boca en boca y crece como una epidemia, hasta alcanzar todas las mentes de los infelices habitantes de "desgracialandia". El señor presidente solo tenía que cuidar de dos factores primordiales: Pan y circo; pero falla uno solo y el sistema colapsa. Dejémonos de cuentos por favor, que ya tenemos una edad. Ningún sistema es perfecto, tarde o temprano ocurre, siempre el mismo círculo: Evolución, comodidad, estancamiento y decadencia. Es entonces cuando explota la bomba social y el pueblo arrasa. La cuestión es que todo el mundo trata de evitarlo, todo el mundo lo teme y a la larga no sirve de nada pretender impedirlo porque la revolución, aparte de inevitable es natural, y por tanto necesaria. Según la teoría de la zona de confort, un ente que no se mueve de su espacio natural no se desarrolla, se marchita y muere. A grandes rasgos la sociedad se comporta igual (aconsejo leer los fundamentos de Isaac Asimov para entenderlo mucho mejor). Por eso cada vez que empezamos a marchitarnos llega la revolución como un reset del programa y nos salva, por eso la serpiente se sigue comiendo la cola, porque una y otra vez cambia la carne muerta por una nueva.
Viva la revolución.
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