domingo, 31 de enero de 2016

El autobús de la vida


La vida, es un gran recorrido que va desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, y a veces es un camino peligroso que llega a su fin antes de lo que quisiéramos; aunque de eso no quiero hablar hoy.
Todos recorremos el camino de la vida conduciendo un vehículo, en el que llevamos todos nuestros recuerdos y todas esas personas que queremos que nos acompañen en nuestro largo camino. Hay algunos que llevan una moto, y recorren la vida solos o con sólo otra persona, otros llevan un coche y llevan a cuatro o cinco personas seleccionadas a dedo, o llevan el coche tan abarrotado de recuerdos que no cabe nadie más con él, o ella.
Yo soy de los que quieren llevar un autobús, pero no se conducirlo. A lo largo de este recorrido de diecisiete kilómetros he conocido bellas personas que he recogido por el camino, algunas estaban necesitadas de mi compañía como yo de la suya, otras asaltaron el autobús y se quedaron en el después de conocerlo mejor por dentro. Tarde o temprano había alguna que saltaba, que se cansaba de mi autobús o que incluso yo la tiraba por la ventana porque no me dejaba conducir.
Apenas llevo recuerdos, por eso me cabe mucha gente, aunque siempre tengo el asiento del copiloto reservado, pero admito a quien sea en mi autobús.

viernes, 29 de enero de 2016

Crónicas de un descerebrado: Ep. 3


Notaba la brisa matinal en mi frente, acariciando mis pelos y recordándome porque llevaba un jersey de lana. Encadenaba un paso con el siguiente, sin pararme a pensar a dónde iba y de dónde venía. Entonces me percaté, saqué el teléfono y miré la hora, ahí estaba. Si seguía caminando a ese ritmo alcanzaría el autobús cinco minutos tarde, y tendría que coger el siguiente.
La idea de acabar con ese retraso de cinco minutos subiendo mi velocidad me parecía demasiado grotesca, había dormido solo cinco horas y notaba mi cuerpo más pesado que nunca. Jamás recuperaría esos cinco minutos y jamás cogería el autobús que debía, no valía la pena.
Entonces me pregunté “¿Qué es lo que vale la pena pues?” Saque la mano derecha del bolsillo para mirar sus arrugas y hallar las respuestas pero no se encontraban ahí, cerré el puño y me di de cabeza con la verdad. “Las cosas valen la pena porque le damos importancia”. Alcé la cabeza con un nuevo propósito, en mi puño cerrado estaban juntos mi orgullo, mi honor y la capacidad para conquistar al amor de mi vida. Corrí, corrí como si la vida me fuese en ello, y probablemente... lo fuese.

miércoles, 27 de enero de 2016

Vuelve a mi

Ahora sería el momento perfecto para coger mi portátil y escribir una entrada para mi blog sobre lo primero que se me viniera a la cabeza pero estoy seco, no tengo lo que yo mismo califico como inspiración. La inspiración, cientilíficamente hablando (me tomaré esa licencia) es una reacción de nuestro cerebro al descubrir unos procesos que el subsconciente lleva digiriendo un rato, y lo recibimos como si fuese un regalo de navidad, la verdad es que es un detalle muy bonito de la naturaleza. He vivido distintas formas de la inspiración, entre ellas la típica de cuando me creo enamorado y revivo el poeta que hay en mí, es grandioso, no he escrito cosas más bellas en mi vida.
He sido testigo de como mujeres se tiraban a mis pies (tampoco tan exagerado) con tan solo darle al botón de "enamorao perdio", que entre otras cosas abría el grifo de mi lírica incontrolada. Pero últimamente, a mi pesar estoy experimentando otro tipo de inspiración, la que causa la observación directa del mundo y las conclusiones evidentes que saco de ello. La primera inspiración venía de una persona, la segunda viene de muchas, y echo de menos a esa persona que hacia que el resto no fuera inspiración ninguna.
La pena es que este texto no vale nada.
Tengo que insertar por ahí que la inspiración es magia, es como un torrente de palabras que sale por la boca como la sangre brota por una yugular seccionada, un agua pura y cristalina que te cura todos los males vomitando una idea concentrada que se divide en miles de palabras conectadas con un sentido mas allá de lo natural. Me faltaba eso.

martes, 26 de enero de 2016

Crónicas de un descerebrado: Ep. 2

Me seguía mi sombra, seguramente solo era para demostrarme cual es el poder de la realidad. Todo está muy claro, nada varía, nada sale de su molde. Cuando caminas por la calle estás iluminado por una farola al frente y otra a tu espalda, siempre. Cuando me di cuenta reí, parecía una burla del destino, mirara como mirara al suelo o me moviera hacia donde fuese, siempre tenía dos sombra superpuestas, una enana y otra gigante. En seguida me sentí identificado con la sombra pequeña, porque para mi representaba lo que era, algo pequeño, sin importancia, sin capacidad de imposición. Ansiaba convertirme en la sombra más grande, en la sombra que más impone, siempre querremos llegar a ser nuestro proyecto de persona.

Pero nunca seremos la sombra grande, siempre seguirá inamovible delante nuestra mientras nosotros avanzamos, porque por más que avancemos siempre querremos llegar a más, y siempre tendremos delante nuestra lo que queremos ser.

sábado, 23 de enero de 2016

Crónicas de un descerebrado: Ep. 1


“Caminante no hay camino, se hace el camino al andar.”

Camino por las calles de Sevilla, atravesando el aire gélido de la mañana como si de un mar brumoso se tratase. Solo puedo ser testigo de mi propio avance y del avance extraño y descontrolado de mis pensamientos iluminados. Esos momentos son perfectos, de una calma absoluta, la poca tranquilidad que puedes hallar en un mundo de estímulos arrolladores. Aproveché que debía andar media hora desde Prado de San Sebastián hasta Plaza de Armas para apagar el móvil y liberar mis sentidos a la soledad matutina de las calles sevillanas. Solo yo, mis piernas, el adoquinado, y todo lo que mis sentidos pudieran captar de un entorno real.
No se si acierto con llamarlo impotencia o asombro, la sensación que me causa el percatarme de vez en cuando de la grandiosidad de las cosas que siempre tenemos delante. Que bello es el paseo del Guadalquivir, pero que grandes son las construcciones que lo bordean; El Lope de Vega, la plaza de toros... Y si penetras en la coraza de la ciudad, solo un poco, encuentras la gran catedral de Sevilla.
Observamos demasiado poco, casi nunca observamos, nunca nos da por pararnos y por mirar a nuestro alrededor con otra perspectiva, por eso me encanta andar por en medio de los inocentes conocedores de la rutina diaria, aquellos que no conocen más allá de la pantalla de sus teléfonos o el ticket del bus.
Observo y me distingo, me siento orgulloso de ser diferente, de vivir en otra dimensión, de tener otro punto de vista, de ser un descerebrado.

viernes, 15 de enero de 2016

Obreros, revoluciones, y otros designios inescrutables


En un marco revolucionario, ¿quiénes son los primeros en caer? (hablando en todo momento de la clase obrera) No son ni los antirrevolucionarios, ni los revolucionarios, sino los que se encuentran en un punto medio, los que saltan a la primera y piensan que una revolución es fácil. Los antirrevolucionarios están acostumbrados a soportar la explotación, así que no salen de su zona de comodidad, al menos no caen si no cae el sistema. Los revolucionarios, los de verdad, los veteranos digámoslo así, han sufrido la explotación pero son fríos y calculadores, saben donde se meten, así que son la única baza del cambio. Los jóvenes pollitos que se lanzan a la lucha sin entrenamiento ni guía suelen acabar fracasando y sometiéndose nuevamente al sistema, puede que antes incluso de darse cuenta que la clave es unir fuerzas para que los esfuerzos no sean en vano.
¿Cuál es la solución? La solución verdadera. A veces me pregunto si de verdad vale la pena purgar un sistema para que luego vuelva a la misma trena. ¿cuántas revoluciones han acontecido en los últimos trescientos años? Empezando por la francesa, no se revolvió la sociedad una sola vez, que comunmente se conoce, el 1789, sino que tuvieron que armar la gorda un par de veces más hasta que consiguieron instaurar su República. Con la revolución rusa hacia el final de la primera Guerra Mundial se pudo vislumbrar lo que podríamos calificar como el nacimiento del comunismo. Fue bello, Lenin dirigió a las masas para acabar con el imperio del Zar y construir el sistema político y económico que se acerca más a la igualdad. Y lo hicieron, siguieron los escritos de Carlos Marx y construyeron el comunismo, pero murió Lenin, lo sustituyó Stalin y nació una faceta del comunismo como las que vemos hoy en día en sitios como Corea del Norte.
Durante mucho tiempo sentí rabia, pero ahora solo siento tristeza por la capacidad retorcida que tiene la humanidad para destruir las cosas buenas que crea. Siento tristeza por la destrucción, pero esperanza por la creación; aun así tengo muchas preguntas sin respuesta...
¿Se podría considerar un fallo que los movimientos sociales estuvieran dirigidos por un líder? Es de lógica que un gran movimiento de masas tenga una punta de lanza, un representante, alguien que se ponga en primera fila para dar ejemplo. Pero siempre ocurre lo mismo, la raza humana es por excelencia la más cómoda, y además no tiene la capacidad de una mente colmena, sobra el valor, pero pocos tienen la labia para convencer a sus congéneres para participar en su campaña, y menos la inteligencia como para obtener el éxito de esta. Pero cuando sucede el éxito sucede el desastre. Pongamos de ejemplo al líder de masas Lenin, reconocido por la historia como una persona con una enorme capacidad para alentar al pueblo con sus discursos. Como he dicho, la raza humana es cómoda; y una forma muy común de comodidad es la de seguir ciegamente a alguien, sin juicios de honestidad, sin remordimientos, etc... Vemos el sometimiento como algo aterrador, pero subconscientemente nos encanta y al seguir al líder, lo posicionamos como una deidad y nos sometemos a el porque representa la seguridad, el no pensar. El problema yace en que el tiempo erradica todo, y por supuesto la vida del líder. Fuera de forma natural o artificial más tarde o más temprano nuestro querido Lenin moriría, y si nadie sustituye al constructor, todo lo que ha construido se derrumba. Es entonces lo que nos queda esperar que la suerte esté de nuestra parte y acabemos bajo el abrazo de un buen líder. ¿O quizás no?

Me queda mucho por aprender, pero aceptaré gustoso un debate mientras no contenga respuestas compuestas de monosílabos.

miércoles, 6 de enero de 2016

La tesis de la realidad creada


No se si esto se debe enfocar como una crítica, una opinión, un pensamiento o una paranoia de este loco retorcido. Supongo que da igual, mis textos siempre están escritos de la misma forma sea cual sea su finalidad. ¿Qué somos? Me refiero a todos, al ser humano como entidad colonial, como una multitud de mentes conectadas que comparten información. ¿En que se basa nuestra existencia, nuestro acto de levantarnos cada vez que se levanta el sol? Yo cuando hay que dividir cualquier elemento a analizar en diferentes categorías los divido en dos sectores, como el ying y el yang, y es que creo que toda fuerza de la naturaleza tiene su contrario que hace que exista cierto equilibrio. Yo divido nuestra razón de existir en dos vertientes, los que viven por la avidez de conocimiento y saber, que se levantan con la bata de laboratorio puesta, o dentro de un volcán, esas almas siempre pensantes y que buscan la esencia de la vida en el fondo del universo; y los que se levantan buscando su paz interior, los que buscan el significado de la vida en vivir las sensaciones al máximo, que prefieren estar dos horas sentados frente al mar mientras beben un té. Unos buscan en las estrellas y otros buscan en la tierra, todos buscan de dos formas diferentes. Pero, ¿qué encontramos? ¿Acaso será el destino de los humanos encontrar cosas dónde no haya o donde no las hubieran encontrado otros animales? ¿Qué hace el ser humano, encontrar o descubrir? Porque resulta que somos una de las pocas especies capaces de enlazar conceptos y de unirlos en la mente creando una idea ficticia, lo que se llama filosofear. Podríamos decir incluso que esas cosas que encontramos las hemos creado, todas esas teorías y ecuaciones que grandes ciéntificos como Einstein o Newton basándose en sus estudios y observaciones, todo eso, todo lo creamos, estaba ahí pero hasta que no llegó alguien y lo destapó no estaba a la vista, con lo cual somos creadores de visión, de la realidad que nos rodea. Somos creadores de nuestro universo.