Viernes 21 de Jueves de 2002
Ya habían pasado muchos autobuses en
mi vida y quizás ese tuviera el mismo efecto en mí: Ninguno. Pero
la esperanza levanta fortalezas y hace olvidar el hambre así que la
volví a transformar en mi bandera una vez más. “Tengo que
cambiar” Esa frase se repite una y otra vez en mi cabeza sin darme
tiempo a pensar en las cosas que valen la pena de verdad. Las cosas
que valen la pena... ¿Qué valdrá más la pena, comerse la cabeza
para salir durante dos meses con alguien que te gusta o echar unas
risas con unos amigos sin preocuparse por el futuro? Futuro... futuro
incierto, el pesar de los hombres y la angustia de las mujeres; pero
no me preocupo puesto que yo aún soy un adolescente.
He decidido encarar mis males mayores
con detalles pequeños de gente con corazón grande, esta noche de
pura casualidad he conocido a tres personas nuevas en mi vida que
durante unas horas me han hecho olvidar lo tonto que me siento
estando al lado de ella. Os quiero chicos, empezando por Luis, 18
años, cursando segundo de bachillerato y bisexual, detalle que hizo
que congeniáramos enseguida, aunque ya de primeras nos caímos
fenomenal, Isabella, de 19, guapísima, y le quedaba muy bien mi
sombrero, que es lo único que puedo recordar claramente; y Sandra,
con la que me eché unas buenas risas al final de la noche.
No fueron ni tres horas, pero me
levantaron el ánimo, todo hay que decirlo, levantar el ánimo de
alguien como yo que soy una persona que tiende a deprimirse por
naturaleza está algo complicado.
Esas son el tipo de cosas que en la
vida te hacen levantar cabeza, y les estoy muy agradecidos a todos.
Espero que estemos durante mucho tiempo en el mismo autobús, porque
sois unos excelentes compañeros de viaje.

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