martes, 2 de febrero de 2016

Crónicas de un descerebrado: Ep. 4


Viernes 21 de Jueves de 2002

Ya habían pasado muchos autobuses en mi vida y quizás ese tuviera el mismo efecto en mí: Ninguno. Pero la esperanza levanta fortalezas y hace olvidar el hambre así que la volví a transformar en mi bandera una vez más. “Tengo que cambiar” Esa frase se repite una y otra vez en mi cabeza sin darme tiempo a pensar en las cosas que valen la pena de verdad. Las cosas que valen la pena... ¿Qué valdrá más la pena, comerse la cabeza para salir durante dos meses con alguien que te gusta o echar unas risas con unos amigos sin preocuparse por el futuro? Futuro... futuro incierto, el pesar de los hombres y la angustia de las mujeres; pero no me preocupo puesto que yo aún soy un adolescente.
He decidido encarar mis males mayores con detalles pequeños de gente con corazón grande, esta noche de pura casualidad he conocido a tres personas nuevas en mi vida que durante unas horas me han hecho olvidar lo tonto que me siento estando al lado de ella. Os quiero chicos, empezando por Luis, 18 años, cursando segundo de bachillerato y bisexual, detalle que hizo que congeniáramos enseguida, aunque ya de primeras nos caímos fenomenal, Isabella, de 19, guapísima, y le quedaba muy bien mi sombrero, que es lo único que puedo recordar claramente; y Sandra, con la que me eché unas buenas risas al final de la noche.
No fueron ni tres horas, pero me levantaron el ánimo, todo hay que decirlo, levantar el ánimo de alguien como yo que soy una persona que tiende a deprimirse por naturaleza está algo complicado.
Esas son el tipo de cosas que en la vida te hacen levantar cabeza, y les estoy muy agradecidos a todos. Espero que estemos durante mucho tiempo en el mismo autobús, porque sois unos excelentes compañeros de viaje.

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