lunes, 28 de diciembre de 2015

Cuento romántico (original)


Este cuento o relato se lleva el premio a la primera narración coherente empezada y finalizada por mi, escrito por WhatsApp y con una cantidad intensa de faltas de ortografía, disfrutadlo.

Existió una vez, hace mucho mucho tiempo, un mago, que era muy muy poderoso. Este mago, Yrien, podía conseguir todo lo que quisiera cuando lo quisiera, con solo chasquear los dedos, y pasaba sus días inventando cosas nuevas para entretenerse, haciendo lo único que podía hacer, el trabajo de un dios.Hasta que poco a poco, la cosa cambiaba... Ya no era el mago feliz y todopoderoso de antaño, las arrugas se empezaban a afianzar en su cara como enredaderas y una larga melena blanca seguida por una barba larguísima, también blanca cambiaron su aspecto. En el mundo primitivo y obsoleto, el pueblo lo seguía viendo como el gran mago, el todopoderoso, el que curaba las enfermedades y arreglaba las sequías! Pero el pobre hombre, se volvía anciano en su torre sin poder saber cual era la causa del dolor que albergaba su alma.Entonces un día, un grupo de adolescentes, que en realidad eran juguetones como críos, se metieron a jugar en el bosque de la torre, entre ellos estaba una chica, llamada Lucia, que era la mas valiente, divertida, traviesa y alocada de todos. Entre ellos hicieron todo el día los juegos propios de su edad y se divirtieron como nunca, hasta que llegaron a la torre. La torre, una sombra de sus tiempos de gloria, era un amasijo de escombros con enredaderas rodeándola, estaba muerta, como el hombre que la habitaba. Todos estuvieron de acuerdo en largarse de allí... Menos lucia, en sus ojos asomaba esa mirada de infinita curiosidad que solo ella tenia, y que la empujaba a aventurarse en la oscuridad. Así que en contra de las suplicas de sus amigos, entro en la torre, y fue navegando entre las sombras de sus habitaciones y subiendo escalones, hasta que llego a la parte mas alta, donde se hallaba el viejo, solitario con la cabeza gacha en un trono de maderaLa muchacha por primera vez en mucho tiempo tuvo miedo, pero no el miedo que le habían intentado inculcar sus padres durante tanto tiempo para evitarle accidentes, sino un miedo totalmente distinto, algo a lo que nunca antes se había enfrentado. Entonces se armo de valor, y comenzó a caminar hacia el viejo mago, y arrastrada por un instinto escondido en lo mas profundo de su ser, le puso una mano bajo la barbilla, le levanto la cabeza, miro a esos ojos llenos de sabiduría infinita, y le dio un único beso, sin sonido, en la frenteEl viejo mago encontró en los ojos de aquella preciosa muchacha, la respuesta al dilema que toda su vida llevaba intentando resolver, y mientras bajo la mirada de ella, todos los años perdidos iban volviendo atrás para vivirlos de nuevo, se dio cuenta, de que lo que le faltaba para vivir, era el amor.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Encontrad a los perdidos

¿Por qué mundo, por qué? ¿Por qué la mayoría de nuestros congéneres son unos descerebrados? Vivo rodeado de experiencias de inocentes con mentes maltratadas por criminales del sentimiento, esclavos de su corazón, de críticas de los demás, sometidos a llantos, a infravaloraciones y a ansias suicidas. Que habrá pasado... En 17 años de vida habré oído miles de historias de vagabundos pisoteados, chicas y chicos asados en la hoguera social, bullyng, extorsión, desplazamiento familiar, violaciones, maltratos... No se que hacer, a veces siento un poder dentro de mi que me hace cambiar el mundo, otras veces me siento y solo puedo suspirar mientras una amiga me cuenta como una pandilla le tira naranjazos y la insulta en la salida de la escuela. ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer por el mundo? Lo peor es cuando te das cuenta de que los maltratadores muchas veces ni se dan cuenta, algunas veces incluso ni siquiera saben el porque de sus insultos y atrocidades, ¿tan podridos estamos? Me da miedo de que haya sido yo el que alguna vez haya insultado a un gordo, una anoréxica o cualquier persona con problemas y que no me haya dado cuenta. Tengo miedo, de que esto vaya a más, ¿tendremos todos ese odio incontrolado? Parece que la humanidad vaya a destruirse sola. Pero busco la luz en mi, como debe hacer todo el mundo, hay que buscar ese impulso que hace que saltemos a defender a alguien cuando lo necesita, debemos buscar nuestra humanidad.
Es nuestro deber como personas.

Inspiración: https://www.youtube.com/watch?v=DnKFVfL2pls
Y todas aquellas personas que esperan encontrar ayuda en algún lugar, en alguna parte de este sucio mundo. Ánimo.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Puntos de vista


Hará unos tres meses comencé una discusión con un gran amigo mío con el que comparto mis seudo teorías científicas (luego él las rebate o las apoya según convenga). Le comenté una idea descabellada que ni siquiera logro recordar como se me ocurrió, una cuestión de ojos. Pongamos que un sujeto A llama a un color “rojo”, el sujeto B al ver ese color también lo llama “rojo”; algo normal diréis pero, ¿y si ambos sujetos ven ese color en distintas tonalidades? O incluso, podría ser que vieran un color totalmente diferente. La primera reacción de mi compañero, como la tendría cualquiera, fue la de pensar que eso no era posible ya que al que ve los colores diferentes se le llama normalmente daltónico y se sabe perfectamente cuando no ve los colores igual pero... Los daltónicos no veían así siempre, y por ello llaman los colores por el nombre incorrectamente. Si el sujeto A ve un color diferente al sujeto B, no lo pueden saber ninguno de los dos ya que desde pequeños han aprendido que ese color, o ese matiz se llama rojo. El problema de esta teoría es que es como si yo dijera que hay un palacio en el lado oculto de la luna, resulta que no nos podemos poner los ojos de otra persona, y tu no puedes darle la vuelta a la luna. Puede que las personas veamos colores diferentes a los demás sin saberlos, esta es mi teoría.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

"...levántate y anda..."


Aún no me he decidido por ninguna de las dos, ya que, si luchas contra el sistema emprendes una causa muy noble y digna, pero corres peligro de perecer en el intento ya que el sistema siempre es muy poderoso. Cabe esperar que cuentes con el apoyo de tus compañeros y compañeras obreros para combatir, social y militarmente si se da el caso, pero no es así. El truco de las sociedades capitalistas es hacer sentir cómodos a los de las clases inferiores haciéndoles creer que viven en un estado de bienestar, pero que en realidad los encadena a los engranajes que levantan la cúspide de la pirámide. El pueblo es el que se deja esclavizar ya que el mismo le da su poder a los esclavizadores pero... ¿es posible una revolución? 
Esto es un fragmento de un texto que escribí hará una semana como respuesta ante la pregunta: “¿Si tuvieras que elegir entre intentar cambiar la sociedad o huir de ella, qué harías?”. Este texto a simple vista se puede clasificar directamente como una reflexión decente, sin entrar en más detalles, por el simple hecho de que sobrepasa el tamaño de un monosílabo. Nos hemos acostumbrado ser guiados dócilmente como ovejas desde los primeros años de vida, adormilados por nuevas tecnologías y divertimentos que hacen que leamos menos y nos relajemos más. Para colmo, por si no nos hubiéramos dado cuenta de este proceso erradicador de neuronas dirigido por las personas a las que más les conviene en nuestro país se, comenzó una vía de supresión de medios para el enriquecimiento del intelecto, lo que conforma en este caso la mayor barrera que tienen los jóvenes alumnos para que no se conviertan en dóciles mascotas del sistema. Esa es nuestra realidad, el mundo en el que vivimos, una selva de cemento y cristal donde las grandes fieras se apropian de derechos burocráticos y trampas hechas de tinta y papel para lavarnos el cerebro y convertirnos en un número, en vez de ser personas individuales, personas que piensen que juzguen y razonen, miembros de una sociedad que se retroalimenta y se gobierna por si sola en un equilibrio justo entre todos. La gran mayoría de habitantes de este país, digamos unos treinta millones, piensa que no puede hacer nada en el terrible caso de que un tipo trajeado y que se las da de listo aparezca en tu puerta con un papel sellado y te eche de tu casa o te diga que no puedes hablar. Parece que vivimos dentro del cuento en el que un matón de tres al cuarto que no le saca ni media cabeza al más bajo intimida a todo el mundo y nadie se atreve a ponerse enfrente y decirle lo que hay que decir. Eso me desespera, me da la sensación de sentirme solo, si me planto y grito en un tono más alto de lo normal todos se quitarán de mi lado, o eso pensamos. ¿Dónde quedó esa ansia por ser libre y poder luchar por tus ideales? ¿Dónde quedaron todos aquellos que pelearon por poder gritar “libertad” a pleno pulmón sin arriesgarte a recibir un balazo? ¿Dónde están todos esos hermanos, esos compatriotas que se negaron a confiarle su país a un patán que ni siquiera conocían? ¿Dónde estáis todos? Levantaos compañeros, porque lleváis demasiado tiempo durmiendo.

martes, 22 de diciembre de 2015

La Verdad

La verdad, ¿qué es la verdad? Usualmente la usamos como defensa o como arma, más como defensa, porque nuestra arma verbal es la mentira. La verdad es ese objeto inexistente y subjetivo que desde pequeños nos enseñan a mantener como primera barrera ante la corrupción y el daño, aunque a una edad temprana nos damos cuenta de que no todo es blanco o negro, ni la verdad es tan verídica.
Con el paso de los años, se construyen las opiniones, con el desarrollo de las opiniones, se forman las ideologías, y a través de la ideología las personas creen, creen en su forma de pensar, su forma de hacer las cosas, creen en su verdad. Si un cristiano compite en un debate contra un musulmán o un judío o un budista por tener el poder de la verdad, no ganará ninguno, porque ninguno se someterá a la supuesta verdad de su contrincante. Cuando un ser humano se reafirma en una opinión, da igual que no este probada y comprobada científicamente, es su verdad, la verdad que debe extender por el mundo. En eso se basa nuestro pensamiento y en eso se basa nuestra irracionalidad. Pero, ¿qué podemos hacer? Desde que el humano es humano necesitó creer en dioses y leyendas porque sino nos morimos de miedo, necesitamos un apoyo donde no hay nada para poder vivir el día a día sin tener que pensar que somos una insignificante parte del universo que puede ser extinguida con un suspiro de algo que no esta vivo, que no tiene mente, y que no se apiada de nadie ni de nada. Necesitamos creer que estaremos protegidos por nuestra mente, la verdad es muy poderosa, sobre todo cuando la moldeamos a nuestro antojo.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Cuento Navideño


 Le despertó la alarma insistente del móvil. Como un zombie, lo buscó a tientas e intentando enfocar los ojos legañosos atisbó una aproximación de la hora. No recordaba si su sueño había sido feliz o una pesadilla, no sabía siquiera si había soñado, nunca lo recordaba. Inconsciente ante el peligro, asomó un pie fuera del edredón para meterlo de inmediato al sentir el frío. Entonces se encendió la bombilla en su cabeza y se dio cuenta de que era navidad. Veintiuno de Diciembre, día lectivo y laboral para la gente normal y corriente, los que necesitan sudar para comer, los pisahormigas. Antes de salir a la escuela hizo recuento de lo indispensable: La tarjeta del bonobús, el bocadillo y el libro que su tío le regaló. Protegiéndose mentalmente del frío, se metió las manos en los bolsillos y se encaminó a cumplir con su papel en la sociedad.


Sonó la sirena, eran las tres menos cuarto de la tarde, y en medio de la marea de adolescentes con sus maletas se escurría él. Repartía alguna que otra sonrisa pero no se paraba, tenía prisa. Ignorando el camino que seis horas y media antes había tomado para llegar hasta allí, emprendió la caminata hasta la parada del bus. A las tres en punto, subía al mastodonte verde acristalado, y a las tres y un minuto estaba ya sentado en el asiento del fondo a la izquierda, solo, leyendo su libro, ávido como quien bebe sediento de un riachuelo. Era de su tío, la persona del mundo a la que más admiraba, no seguía las normas, era libre, y le había dado el regalo antes de los reyes porque el chico ya sabía que estos no existían, y su tío se iba una vez más de viaje, fuera de la jaula de la sociedad.


A las tres y veinte bajaba al trote las escaleras de la estación de autobuses de la ciudad, el centro de la gran red en la cual su pueblo participa como accesorio lateral. Cuando sobrepasó el último escalón se paró y observó. Respiró hondo. Por puro instinto cruzó la calle antes de que el semáforo se pusiera en verde, ya conocía de sobra los huecos entre el tráfico, era como un pescador que lleva siguiendo años las corrientes marinas de su costa, él podría cruzar media ciudad con los ojos vendados y a la pata coja, podría pero no lo hace, porque no tiene tiempo para esas cosas. Esquivó a la gran masa de personas infinitas que pueblan las calles, que salen y entran en las tiendas como hormigas, cada cual con su vida, cada cual con su misión. Era navidad, se respiraba en el ambiente, pero mientras otros sonríen y andan con el impulso lento del disfrute, él miraba y avanzaba con el impulso de la obligación. Al doblar una esquina se encontró de bruces con una persiana metálica y un cartel anunciante, “se vende”. Miró el letrero de la tienda y su expresión facial pasó de ser ambigua a la que tiene alguien cuando se entera de la muerte de un amigo, pero sus piernas volvieron a caminar y él, volviendo la cabeza hacia delante, le dio la vuelta a sus recuerdos y olvidó el mal trago. Continuó avanzando, la búsqueda de trayectorias a través del gentío no es un pensamiento, es una acción mecánica que sucede sin esfuerzo, él solo avanzaba, avanzaba para alcanzar su destino... entonces se abrió un hueco entre la muchedumbre y vislumbró un cuerpo en el suelo apoyado en una pared con una taza y un cartel delante. Solo vio eso, pero esa imagen la había visto tantas veces que se le vino a la mente como si no hubiera pasado de largo, sino que estaba delante y el mendigo le imploraba que fuera clemente y prolongara su vida un poco más con un trozo de metal redondeado dentro de su tacita. Sacudió la cabeza para olvidarlo y siguió caminando, siguió y siguió, hasta llegar al punto final.
Se asomó a la tienda y quedo frenado por una ancha espalda trajeada. Temeroso de lo que podía acontecer, no se movió del sitio, ni siquiera pestañeó, pero antes de que el señor trajeado se fuera, logró ver la chapa identificativa de su banco de ahorros en la solapa de la chaqueta, y también oyó las palabras “dos semanas”. El chico miró a sus padres, los cuales tenían la cara pálida, si ellos no controlaban la situación, ¿quién lo haría? ¿Qué sería de el? ¿Qué sería de todos? No sabía nada, no sabía qué hacer, lo único que sabía era creer y desear, así que deseó que todo se arreglara, deseó no tener miedo, deseó ser libre. Todo parecía que se iba a arreglar... Le despertó la alarma insistente del móvil. Como un zombie, lo buscó a tientas, e intentando enfocar los ojos legañosos atisbó una aproximación de la hora. No recordaba si su sueño había sido feliz o una pesadilla, no sabía siquiera si había soñado, nunca lo recordaba.

Navidad


        Hoy estando en el bus, hasta arriba de sudor y cansancio después de un día intenso, no pensaba en otra cosa que en encontrarme con mi mejor amiga la almohada y olvidarme del mundo durante unas nueve horas mínimas (aprovechando que es finde).
        Entonces, en medio de toda ese cansancio y agotamiento entró la risa sonora y tan, tan agradable de una niña. No se que edad tendría, soy penoso para ese tipo de apreciaciones, pero seguramente no pasaría de los diez. Como decirlo... No se otras personas, pero esa risa me devolvió la sonrisa a mi cara, sonreí sin razón aparente, solo tenía un atisbo de felicidad por ver como una inocente niña se divertía jugando con su abuelo. Dentro de toda la envidia y el resentimiento humano aparece ese atisbo de luz, nos hace felices que un ser tan adorable siga siendo inocente ante la maldad y el sufrimiento que vivimos cada día y que ellos no ven porque son pequeños, y cuando uno es pequeño, se ríe a carcajada limpia, se ríe de verdad, sin razón aparente, y la razón simple y llanamente señores, es que siendo inocentes nos reímos de la vida. Nos reímos de estar vivos, de tener imaginación para crear sin manos, de poder correr, saltar, rodar por el suelo, sentir frío, calor... Sentir que estamos vivos.
        Cuando oí reir a esa niña, me devolvió el espíritu navideño, ya lo tenía por el frío, el bullicio de las calles sevillanas y las luces, pero no, esa niña hizo que estando hundido en mi rincón del autobús, pensando solo en lo que me costaría andar solo a casa levantara la vista y sonriera, que viera la gente, las familias, los mosqueos y las risas; me despertó y me hizo ver la vida una vez más.

       Feliz Navidad.