Aún no me he decidido por ninguna
de las dos, ya que, si luchas contra el sistema emprendes una causa
muy noble y digna, pero corres peligro de perecer en el intento ya
que el sistema siempre es muy poderoso. Cabe esperar que cuentes con
el apoyo de tus compañeros y compañeras obreros para combatir,
social y militarmente si se da el caso, pero no es así. El truco de
las sociedades capitalistas es hacer sentir cómodos a los de las
clases inferiores haciéndoles creer que viven en un estado de
bienestar, pero que en realidad los encadena a los engranajes que
levantan la cúspide de la pirámide. El pueblo es el que se deja
esclavizar ya que el mismo le da su poder a los esclavizadores
pero... ¿es posible una revolución?
Esto es un fragmento de un texto que escribí hará una semana como respuesta ante la
pregunta: “¿Si tuvieras que elegir entre intentar cambiar la
sociedad o huir de ella, qué harías?”. Este texto a simple vista
se puede clasificar directamente como una reflexión decente, sin
entrar en más detalles, por el simple hecho de que sobrepasa el
tamaño de un monosílabo. Nos hemos acostumbrado ser guiados
dócilmente como ovejas desde los primeros años de vida, adormilados
por nuevas tecnologías y divertimentos que hacen que leamos menos y
nos relajemos más. Para colmo, por si no nos hubiéramos dado cuenta
de este proceso erradicador de neuronas dirigido por las personas a
las que más les conviene en nuestro país se, comenzó una vía de
supresión de medios para el enriquecimiento del intelecto, lo que
conforma en este caso la mayor barrera que tienen los jóvenes alumnos
para que no se conviertan en dóciles mascotas del sistema. Esa es
nuestra realidad, el mundo en el que vivimos, una selva de cemento y
cristal donde las grandes fieras se apropian de derechos burocráticos
y trampas hechas de tinta y papel para lavarnos el cerebro y
convertirnos en un número, en vez de ser personas individuales,
personas que piensen que juzguen y razonen, miembros de una sociedad
que se retroalimenta y se gobierna por si sola en un equilibrio justo
entre todos. La gran mayoría de habitantes de este país, digamos
unos treinta millones, piensa que no puede hacer nada en el terrible
caso de que un tipo trajeado y que se las da de listo aparezca en tu
puerta con un papel sellado y te eche de tu casa o te diga que no
puedes hablar. Parece que vivimos dentro del cuento en el que un
matón de tres al cuarto que no le saca ni media cabeza al más bajo
intimida a todo el mundo y nadie se atreve a ponerse enfrente y
decirle lo que hay que decir. Eso me desespera, me da la sensación
de sentirme solo, si me planto y grito en un tono más alto de lo
normal todos se quitarán de mi lado, o eso pensamos. ¿Dónde quedó
esa ansia por ser libre y poder luchar por tus ideales? ¿Dónde
quedaron todos aquellos que pelearon por poder gritar “libertad”
a pleno pulmón sin arriesgarte a recibir un balazo? ¿Dónde están
todos esos hermanos, esos compatriotas que se negaron a confiarle su
país a un patán que ni siquiera conocían? ¿Dónde estáis todos?
Levantaos compañeros, porque lleváis demasiado tiempo durmiendo.
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