miércoles, 23 de diciembre de 2015

"...levántate y anda..."


Aún no me he decidido por ninguna de las dos, ya que, si luchas contra el sistema emprendes una causa muy noble y digna, pero corres peligro de perecer en el intento ya que el sistema siempre es muy poderoso. Cabe esperar que cuentes con el apoyo de tus compañeros y compañeras obreros para combatir, social y militarmente si se da el caso, pero no es así. El truco de las sociedades capitalistas es hacer sentir cómodos a los de las clases inferiores haciéndoles creer que viven en un estado de bienestar, pero que en realidad los encadena a los engranajes que levantan la cúspide de la pirámide. El pueblo es el que se deja esclavizar ya que el mismo le da su poder a los esclavizadores pero... ¿es posible una revolución? 
Esto es un fragmento de un texto que escribí hará una semana como respuesta ante la pregunta: “¿Si tuvieras que elegir entre intentar cambiar la sociedad o huir de ella, qué harías?”. Este texto a simple vista se puede clasificar directamente como una reflexión decente, sin entrar en más detalles, por el simple hecho de que sobrepasa el tamaño de un monosílabo. Nos hemos acostumbrado ser guiados dócilmente como ovejas desde los primeros años de vida, adormilados por nuevas tecnologías y divertimentos que hacen que leamos menos y nos relajemos más. Para colmo, por si no nos hubiéramos dado cuenta de este proceso erradicador de neuronas dirigido por las personas a las que más les conviene en nuestro país se, comenzó una vía de supresión de medios para el enriquecimiento del intelecto, lo que conforma en este caso la mayor barrera que tienen los jóvenes alumnos para que no se conviertan en dóciles mascotas del sistema. Esa es nuestra realidad, el mundo en el que vivimos, una selva de cemento y cristal donde las grandes fieras se apropian de derechos burocráticos y trampas hechas de tinta y papel para lavarnos el cerebro y convertirnos en un número, en vez de ser personas individuales, personas que piensen que juzguen y razonen, miembros de una sociedad que se retroalimenta y se gobierna por si sola en un equilibrio justo entre todos. La gran mayoría de habitantes de este país, digamos unos treinta millones, piensa que no puede hacer nada en el terrible caso de que un tipo trajeado y que se las da de listo aparezca en tu puerta con un papel sellado y te eche de tu casa o te diga que no puedes hablar. Parece que vivimos dentro del cuento en el que un matón de tres al cuarto que no le saca ni media cabeza al más bajo intimida a todo el mundo y nadie se atreve a ponerse enfrente y decirle lo que hay que decir. Eso me desespera, me da la sensación de sentirme solo, si me planto y grito en un tono más alto de lo normal todos se quitarán de mi lado, o eso pensamos. ¿Dónde quedó esa ansia por ser libre y poder luchar por tus ideales? ¿Dónde quedaron todos aquellos que pelearon por poder gritar “libertad” a pleno pulmón sin arriesgarte a recibir un balazo? ¿Dónde están todos esos hermanos, esos compatriotas que se negaron a confiarle su país a un patán que ni siquiera conocían? ¿Dónde estáis todos? Levantaos compañeros, porque lleváis demasiado tiempo durmiendo.

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