viernes, 18 de diciembre de 2015

Miedo

        Tengo miedo, cierto, lo tengo, aún no se ha terminado de asomar al borde de mi mente cuando ya lo noto venir. Odio esa sensación, saber que voy a entrar a analizar un tema que desatará una cadena de tristeza y posible trauma para un tiempo, como cuando abres la puerta de una habitación que no has visto nunca y ya hueles la podredumbre, lo ves con la mente antes que con los ojos.
        Todo se basa en una conversación que oigo a medias de las bocas de mis padres, a medias no porque no pueda oírla entera, sino porque yo no quiero enterarme supongo. Mi padre, al volante, recién salido del avión de una visita a mis abuelos residentes en Barcelona, le resume la visita a mi madre. ¿Qué quéreis que os diga? La verdad fuera o no el contexto feliz las palabras sonaban bastante tristes, sobre como había avanzado la edad en mis abuelos causando estragos en su cuerpo y quitándoles horriblemente la posibilidad de valerse por si mismos, lo peor que le puede pasar a un ser humano normal y corriente. Pero, es el proceso natural, algo que a todos nos llega pasada nuestra vida útil, como un sobre de fideos instantáneos, con fecha de caducidad.
        Lo que me llevó a la siguiente pregunta que me atacó y que me dejo indefenso, ¿estaré yo algún día al volante de mi vida, asimilando que mis padres me abandonarán? ¿Cuánto tiempo tendré yo para asimilar que también dejaré a mis hijos? Me pregunto si cuando me de cuenta sentiré el mismo miedo que siento ahora.        

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