domingo, 20 de diciembre de 2015

Reflexiones

           He cambiado, después de tantos años he cambiado, no es una gran cosa pero me basta para decirlo por el simple hecho de que me he dado cuenta del cambio y de sus consecuencias; puede que siga siento un imbécil a veces, un desconsiderado o un insensato, pero cualquier actuación mía o de otra persona la juzgo y la analizo con pensamiento crítico, soy lo que se suele llamar un tío que le da vueltas a las cosas.
           El cambio ha consistido en el simple hecho de no solo pensar, juzgar e interpretar el mundo y sus reveses, sino además plasmarlo en el papel (o en la pantalla), como una semilla que queda enterrada y que en un momento, bajo las condiciones propicias puede germinar y llevar a algo más. Los humanos siempre hemos sido muy prepotentes, y una de nuestras carencias es la de recordar los detalles interesantes de las reflexiones complicadas, que normalmente suelen tener muchos. A través de mis manos puedo expresar lo que mi boca en un momento dado no puede traducir, racionalizar lo que mi mente libre me ha enseñado del mundo, las cosas que el ojo no ven a simple vista. Puede que esto no importe, puede que sea una de las muchas reflexiones descabelladas de todos estos años que no tenga ninguna finalidad práctica, pero me ayuda a recordar que estoy vivo, y que pienso de verdad, que no es una ilusión mía y que no estoy gritando incoherencias al sol y a la luna reflejados en un mar infinito y desierto. Muchas veces uno se siente como en un bote salvavidas sumido en una soledad profunda, y escribimos, escribimos nuestros deseos, nuestras ilusiones y nuestros miedos para hacerlos reales o combatirlos.
            Esto hace que me sienta como un náufrago que ve una cara por primera vez en años, aunque sea la suya propia, reflejada en el agua límpida y lisa de un mar que mata con paciencia y no con furia. La reflexión es una cosa muy bonita, y a la larga te deja ciego si está escrita.

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