miércoles, 10 de febrero de 2016

Microcuento SanValentineño

Entonces mi sonrisa desapareció y me sentí de pronto avergonzado y un completo inútil: "seré gilipollas" pensé, y aún lo pienso. ¿Quién es tan tonto como para repartir amor por el mundo cuando es el primer falto? Pues yo, obviamente, quién si no.
Solté el movil y deambule por mi jardín sagrado otra vez, buscando la paz, pero el tormento me atacaba mostrándome flores con forma de corazones. Hasta que no cayera en la cuenta no podría estabilizarse este enfermo terminal, ¿tan difícil es admitir la realidad?
Quiero enamorarme, ese es mi problema, veo corazones rotos y soy tan tonto y masoquista que quiero ingresar en el gremio.
Todo empezó cuando conocí lo que implicaba, dejar de pertenecer a tu mente, dejar a un lado la racionalidad y querer, querer sin más.
Es perfecto para un romántico empedernido del siglo XXI, como yo, la musa perfecta para mí. Pero claro, aquello no era todo, la idea habría quedado como un feo boceto en mi mesa sentimental si no fuera porque vi el amor, lo vi tan de cerca que podía casi tocarlo... Pero escape. El amor es ciego y yo soy demasiado observador así que mi razón escapó por los pelos, pero aún así aquello me recordó que yo quería enamorarme.

martes, 9 de febrero de 2016

Irreversible

Quiero ser fuerte, no te equivoques, no es por los demás, es por ti. Quiero ser fuerte para poder levantarte como a una princesa sin que me lo pidas y para darte un abrazo de oso cuando yo lo necesite.
Ya se lo que es cambiar por otra persona, lo experimenté una vez y no quiero volver a hacerlo, ya intenté cambiar la pluma por la espada y fracasé, por el simple hecho de que no nací para ello. Necesito que me protejas, que me protejas de todos ellos y que me hagas olvidar que en su día yo era feliz sin ti; lo necesito de verdad.
Cuando sé que abrire los ojos y veré oscuridad prefiero no abrirlos, pero es que después de tanto tiempo incluso la luz me da miedo, porque puede que me haya acostumbrado tanto a tenerlos cerrados que me deslumbres.
Quiero ser fuerte, quiero ser fuerte...

lunes, 8 de febrero de 2016

Monotonía

Una vez más, el mismo lugar, el mismo momento; solo falta que estén las mismas personas pero no es importante ya que la sensación es la misma.
Me parece monótono, me parece innecesario y que mi vida podría ser mucho mas feliz sin ello pero, ¿y si no es cierto? Puede que los momentos especiales solo lo sean si hay monotonía en la vida de uno, puede que si no hay monotonía al final divertirse se convierta en un hecho tan diario, tan normal, que no nos haga felices.
Puede que, al fin y al cabo necesitemos aburrirnos de vez en cuando en esta vida. 

domingo, 7 de febrero de 2016

Crónicas de un descerebrado: Ep. 6


La oscuridad se cierne sobre mí, no hay nadie que la pare, no sé siquiera si soy yo el que se zambulle en ella, somos demasiado tontos para comprender a tiempo que nuestro verdugo se encuentra en nuestra propia mente. Todo es convertido en nada, la luz en oscuridad y la esperanza se torna en dolor infinito... Pero abrí los ojos.
Mi cama es el hogar de mis sueños y mis pesadillas, pero solo mis pesadillas permanecen frescas en mis recuerdos, solo las pesadillas dejan la señal inequívoca en mi cuerpo; el sudor frío, el cuerpo descubierto, etc. Los sueños quedaron relegados a una infancia incierta, quizás en el único lugar y momento donde me era permitido soñar.
Aún recuerdo el último, era tan intenso como cualquier otro, tan real, tan palpable. La guerra me rodeaba, yo estaba metido en la piel de un niño adulto antes de tiempo, me deslizaba por las trincheras con mi arma rodeado por tanques y explosiones, y como era de esperar, solo sabía luchar.
Pero había algo distinto, algo perturbador y a la vez tranquilizador; iba acompañado por mi padre, los dos luchábamos codo con codo y sobrevivíamos juntos, como padre e hijo.
Pero la luz iluminó mi mente y aquel infierno se paró, me levanté y miré alrededor, observé como todo estaba inmóvil, como una película pausada, y miré a mi padre. Mi padre también se levantó, y me miró esperando a que yo hablara: “Estoy soñando”. Entonces él soltó su arma y todo a nuestro alrededor desapareció, “Tú no eres mi padre de verdad”, el sonrió, seguía callado, yo sabía que aquello era un adiós y mis lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, “Mi padre de verdad me está esperando, me tengo que ir”.
Cuándo abrí los ojos, me encontraba en mi cama, aún era de noche, me di cuenta de que estaba llorando, estaba llorando de verdad. Temeroso salí de mi habitación y me asomé a la contigua, la luz de la luna alumbró a mis padres, que dormían en la cama.
Después de tantos años, me percaté, de que al despedirme de mi padre, me estaba despidiendo de mis sueños.

Crónicas de un descerebrado: Ep. 5


Deslicé mi mirada por la ventana sin fijarme en nada en concreto, solo dejaba pasar el paisaje intentando ahuyentar mis pensamientos. Es desagradable cuando no puedes dejar de pensar en una persona, porque la única forma posible de dejar de hacerlo es concentrándote en cualquier cosa que te impida pensar y pensar una y otra vez...
La belleza se torna en inseguridad cuando posas tu mirada en mi y haces que todo lo demás sea pequeño, incluso siendo tu pequeña superas el alcance de mi visión y te colocas como la escultura más gloriosa que ha podido salir de un vientre materno. Pero tu me traes recuerdos, recuerdos de otras personas que en su día hicieron que dejara de soñar, y ahora sueño despierto con ellas y contigo mezclando pesadillas con esperanzas. Este autobús se ha convertido en el vehículo de mi imaginación.
Una noche sin fecha de un invierno pasado marcó el nacimiento de lo que yo llamo amor, una chica invisible tocó mi corazón, un órgano que yo creía obsoleto se descontroló y me hizo creer renacer de nuevo, tenía un mundo nuevo, y sobre ese mundo nuevo y aquel que lo precedía escribo mi historia.

martes, 2 de febrero de 2016

Crónicas de un descerebrado: Ep. 4


Viernes 21 de Jueves de 2002

Ya habían pasado muchos autobuses en mi vida y quizás ese tuviera el mismo efecto en mí: Ninguno. Pero la esperanza levanta fortalezas y hace olvidar el hambre así que la volví a transformar en mi bandera una vez más. “Tengo que cambiar” Esa frase se repite una y otra vez en mi cabeza sin darme tiempo a pensar en las cosas que valen la pena de verdad. Las cosas que valen la pena... ¿Qué valdrá más la pena, comerse la cabeza para salir durante dos meses con alguien que te gusta o echar unas risas con unos amigos sin preocuparse por el futuro? Futuro... futuro incierto, el pesar de los hombres y la angustia de las mujeres; pero no me preocupo puesto que yo aún soy un adolescente.
He decidido encarar mis males mayores con detalles pequeños de gente con corazón grande, esta noche de pura casualidad he conocido a tres personas nuevas en mi vida que durante unas horas me han hecho olvidar lo tonto que me siento estando al lado de ella. Os quiero chicos, empezando por Luis, 18 años, cursando segundo de bachillerato y bisexual, detalle que hizo que congeniáramos enseguida, aunque ya de primeras nos caímos fenomenal, Isabella, de 19, guapísima, y le quedaba muy bien mi sombrero, que es lo único que puedo recordar claramente; y Sandra, con la que me eché unas buenas risas al final de la noche.
No fueron ni tres horas, pero me levantaron el ánimo, todo hay que decirlo, levantar el ánimo de alguien como yo que soy una persona que tiende a deprimirse por naturaleza está algo complicado.
Esas son el tipo de cosas que en la vida te hacen levantar cabeza, y les estoy muy agradecidos a todos. Espero que estemos durante mucho tiempo en el mismo autobús, porque sois unos excelentes compañeros de viaje.

domingo, 31 de enero de 2016

El autobús de la vida


La vida, es un gran recorrido que va desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, y a veces es un camino peligroso que llega a su fin antes de lo que quisiéramos; aunque de eso no quiero hablar hoy.
Todos recorremos el camino de la vida conduciendo un vehículo, en el que llevamos todos nuestros recuerdos y todas esas personas que queremos que nos acompañen en nuestro largo camino. Hay algunos que llevan una moto, y recorren la vida solos o con sólo otra persona, otros llevan un coche y llevan a cuatro o cinco personas seleccionadas a dedo, o llevan el coche tan abarrotado de recuerdos que no cabe nadie más con él, o ella.
Yo soy de los que quieren llevar un autobús, pero no se conducirlo. A lo largo de este recorrido de diecisiete kilómetros he conocido bellas personas que he recogido por el camino, algunas estaban necesitadas de mi compañía como yo de la suya, otras asaltaron el autobús y se quedaron en el después de conocerlo mejor por dentro. Tarde o temprano había alguna que saltaba, que se cansaba de mi autobús o que incluso yo la tiraba por la ventana porque no me dejaba conducir.
Apenas llevo recuerdos, por eso me cabe mucha gente, aunque siempre tengo el asiento del copiloto reservado, pero admito a quien sea en mi autobús.